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Arriendo de viviendas se consolida y en seis años sube de 19% a 25% de los hogares

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TECHO-Chile analizó cifras de la encuesta Casen y concluyó, entre otros puntos, que las familias más vulnerables pueden gastar más de la mitad de sus ingresos en alquilar una propiedad.

Durante décadas, el sueño de la casa propia ha sido para miles en el país un objetivo hacia el cual avanzar con años de trabajo y esfuerzo.

Los chilenos de hoy, sin embargo, han ido cambiando sus perspectivas. Según un análisis de los datos de la Encuesta Casen 2017, realizado por TECHO-Chile, un 24,5% de quienes viven en zonas urbanas –un millón 270 mil hogares- arrienda, en comparación con un 19,2% que lo hacía en 2011.

Los propietarios, en tanto, pasaron de representar el 64,6% al 59,3%, en el mismo período. Algunos motivos son conocidos. “Los terrenos son más escasos y, por lo tanto, más caros”, explica el gerente de Vivienda y Urbanismo de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), Pablo Álvarez.

“Al aumentar el precio de la vivienda, hay dos fenómenos. Tu ingreso no se ajusta al pie que está pidiendo la banca, que es más o menos un 20%. Lo otro es que las viviendas nuevas o casas están cada vez más lejos y hay gente que privilegia arrendar en un lugar bien ubicado, más que tener una casa pero lejos”, precisa. Pero tras esta tendencia también habría factores culturales e incluso generacionales.

Según Mauro Basaure, sociólogo y académico de la U. Andrés Bello (UNAB), “los millennials prefieren el viaje antes que la compra, y acumular experiencias más que estabilizarse”.

Otro factor estaría ligado a los quiebres de parejas. “La familia queda disgregada, lo que va a tender hacia el arriendo”, afirma el también investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).

Enrique Vial, arquitecto y académico del Campus Creativo de la UNAB, advierte que esta inclinación hacia el arriendo es uno de los factores que pueden incidir en la pérdida de identidad de los barrios: “Cuando compras, quieres que el barrio progrese e inviertes en tu casa”. En cambio, cuando se arrienda, “hay un cierto anonimato. La gente incluso no se conoce con sus vecinos”.

“Satisfaces tu necesidad de vivienda como bien de consumo, pero también es muy importante tener identidad. No quiero ponerme nostálgico, pero es una carencia”, plantea. Para combatir este efecto, señala que es importante que la industria inmobiliaria y los municipios colaboren para tener mejores espacios públicos y puntos de interés cívico, que unan las personas.

Alta demanda

Para Álvarez, la respuesta está en los planos reguladores: “Deben ser el reflejo de la demanda estimada de hogares. Hoy se hacen para restringir la construcción y no consideran los nuevos hogares. Nadie está haciendo este ejercicio”.

Nicolás Gumucio, coincide en que ante las pocas posibilidades de concretar una compra, el arriendo aparece como la opción más realista: “Si gano un millón no me alcanza para comprar, pero sí para arrendar”. En la web, Santiago (33%) y Las Condes (19%) lideran las búsquedas de arriendos.

Desigualdad latente

Quienes más arriendan son aquellos con altos ingresos: un 33,5% de estos hogares son del quinto quintil. Pero es en el estrato más bajo donde el alquiler tiene un efecto más duro: puede llegar a comprometer un 51,7% del ingreso familiar.

“Les quedan alrededor de 140 o 130 mil pesos para gastar en medicamentos, transportes y otras cosas, lo que hace que en la práctica vivan en condiciones aún más paupérrimas”, afirma Sebastián Bowen, director ejecutivo de TECHO-Chile, quien advierte que los altos precios de los arriendos y el hacinamiento están entre las principales razones de quienes llegan a vivir a un campamento.

“Un tercio de las viviendas están hacinadas en el primer quintil. Si el arriendo acrecienta la desigualdad, el hacinamiento es un reflejo”, añade.

Fuente: El Mercurio

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Socio, Director Comercial. Más de 19 años de experiencia en emprendimientos y empresas TIC.

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