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La explosión de Airbnb en Chile

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La plataforma de alojamiento que hoy funciona en 192 países, ha crecido en Chile más de un cien por ciento solo en el último año. El negocio ha despertado las críticas entre los hoteleros, tal como ocurrió con los taxistas con UBER.
Aquí, una mujer que triplica sus ganancias arrendando su departamento y un ex director de televisión que usa el sitio, cuentan cómo funciona el sistema.

Cecilia Frenkel (56), que tenía experiencia en inversiones, posee un departamento en el sector del barrio Forestal que arrendaba hasta octubre del año pasado del modo tradicional. Por esa fecha, y gracias a sus hijos, se enteró de la existencia de Airbnb y se pasó meses redecorándolo, hasta que en junio lo inscribió en el sitio. Si con un arrendatario conseguía 500 mil pesos al mes, hoy logra 1.400.000 pesos, dice, gracias a una tarifa de 110 dólares al día, que disminuye si el alojamiento es por una semana o más. A las ganancias, ella debe descontarle el gasto que hace en los servicios básicos, cable, internet, gastos comunes, limpieza de sábanas y frazadas. – Es un súper buen negocio. En Chile la gente no da un buen servicio,
todos se sienten humillados de atender al prójimo, y yo me preocupé de que estuviera bien decorado. A la gente le encanta el departamento -dice ella, que ha recibido turistas argentinos y brasileños, a quienes les entrega las llaves, pero luego no vuelve a verlos: las llaves quedan en conserjería o adentro del departamento, el modo en que funciona la startup. Frenkel dice que los comentarios favorables le ayudan a conseguir más arrendatarios y que el sistema es “un Uber, pero con alojamiento”. También agrega que su contador se preocupa de pagar el IVA y que no teme a posibles robos de los pasajeros: Airbnb cuenta con un seguro en caso de daños y que ella misma puede ponerles una mala evaluación,
lo que bloquea la opción de que arrienden otro sitio. Hasta ahora, dice, solo ha tenido buenas experiencias. -Es increíble cómo funciona la confianza mutua. No me falta nada cuando se van las familias del departamento, todo queda intacto. El crecimiento de la plataforma en Chile ha sido explosivo. El director para América Latina de Airbnb, Jordi Torres, asegura que el número de alojamientos en el sitio ha crecido un 120 por ciento en el último año (de agosto de 2015 a agosto de 2016), que el número de viajeros que visitan Chile ha aumentado cerca del 200 por ciento en la plataforma y que los viajeros chilenos que utilizan Airbnb han subido en 144 por ciento. Torres agrega que el crecimiento
de la empresa sigue siendo porque la gente ha tenido una positiva experiencia en la comunidad, como viajero o anfitrión, habla del modelo, lo comparte y atrae a la siguiente ola de usuarios: -Existe una demanda latente por una manera de viajar diferente, más humana, más social, donde es más la experiencia en otro espacio. Esta demanda se ha visto en el crecimiento y la palabra clave es comunidad. Por eso tenemos a 100 millones de viajeros que buscan vivir esa experiencia. El modelo de arriendo de propiedades basado en la seguridad y confianza entre huéspedes y anfitriones se ha vuelto un fenómeno global. Una empresa con presencia en 192 países, avaluada en 27 mil millones de dólares y que ha cambiado la manera de entender el concepto de hospedaje.  

 

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El concepto con que opera Airbnb es sencillo: si se quiere poner en arriendo una habitación o una propiedad completa, hay que inscribirse en la página, subir fotos del lugar y señalar las reglas y precio. Todos añaden un costo extra por la limpieza. La plataforma se queda con el 3 por ciento de lo recaudado y el resto es para el arrendador, que recibe el dinero 24 horas después de la llegada de los huéspedes. En el caso de ser arrendatario, hay que entrar a la página, escribir el destino y seleccionar el destino y días que uno se quedará. La transacción se paga con tarjeta de crédito, lo que asegura la identificación de la persona. Además, como funciona bajo el concepto de comunidad, todo usuario de Airbnb es calificado con una nota y comentarios: de eso dependerá que sea un arrendador o arrendatario confiable.

Hoteles vs. web. El boom de la llamada “economía colaborativa.” (un sistema económico en el que se comparten e intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales) ha provocado el desconcierto en el negocio tradicional. Los taxistas en todo el mundo han estado en pie de guerra contra Uber y lo mismo está sucediendo con los hoteleros y Airbnb, mientras los gobiernos intentan fiscalizar que se cumplan las normativas vigentes o que se ajustan sus legislaciones para que paguen impuestos. Enrique García, socio fundador de la consultora Samara y ex director ejecutivo de Canal 13, tiene dos propiedades que arrienda a través de Airbnb: una en la laguna de Aculeo y otra en Puerto Varas, de la que se encarga uno de sus hijos. García lleva tres años ocupando el sitio para arrendar cuando viaja fuera de Chile, y así ha alojado en Dinamarca, Croacia y Estados Unidos. Tiene una regla: si se va a quedar más de tres días en un mismo destino, prefiere Airbnb. Si es menos, en un hotel.
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-Arrendando las casas, bajo los costos de mantención de ellas, tengo cuidadores permanentes en Aculeo y siempre la pensé como una casa all inclusive, porque tiene cinco dormitorios, quincho, piscina, sauna y jardín, para alojar a diez personas –enumera sobre la casa que arrienda por 150 a 200 dólares diarios, y cuenta que solo una vez ha tenido una mala experiencia, con un grupo de brasileños residentes en Chile que dejaron la casa en malas condiciones, el piso embarrado y muy sucio. El los calificó mal reconoce. Respecto de la polémica que hay por la falta de fiscalización del pago de impuestos dice: Todavía no conozco a nadie que pague arriendo por sus casas en la playa durante el verano”. Esto no partió con Airbnb, se arrastra hace mucho tiempo. Evidentemente que hay que declarar los ingresos, pero el tema es más grande: los hoteleros deben entender las necesidades de los usuarios, se han quedado pegados en los viejos paradigmas -expresa García, y lo compara con Uber por el tipo de servicio, donde ejemplifica que se saben tanto los datos del pasajero como los del conductor, lo que no ocurre con los taxis.

-Reclamar es la solución fácil, pero hay que hacerse cargo de que hay una tendencia mundial hacia servicios más seguros, porque a mis arrendatarios yo les pregunto todo: dónde trabajan, quienes son, disminuyendo al máximo las posibilidades de riesgo. Andrea Wolleter, vicepresidenta ejecutiva de la Federación de Empresas de Turismo de Chile (Fedetur), dice que la idea de ellos no es prohibir Airbnb, pero sí regularlo con un marco que fiscalice y tengan patente para ejercer, ”porque es un negocio y como tal debe ser regulado” El presidente de Hoteleros de Chile, Colin Turner, concuerda: dice que si hay oferta de sitios por internet, es porque hay demanda, pero pide que cumplan con ciertos
parámetros. -Es una competencia desleal, porque tienen precios más bajos al no pagar IVA. Es hotelería informal, sin chequeos de seguridad y sanitarios, y eso no es bueno para el desarrollo económico del país. Más allá de lo impositivo, ¿qué servicios les estamos dando a los turistas si ese hospedaje no es supervisado por Sernatur? Desde hace algunos meses, hoteleros y Fedetur han tenido mesas de trabajo con la subsecretaria de Turismo, Javiera Montes. El SII indica que la ley obliga a tributar por el arriendo de casas amobladas y que el pago del impuesto recae en el arrendatario, mientras el arrendador está
obligado a recaudarlo y enterarlo en arcas fiscales. Por eso, Montes señala que no se necesita de nuevas normas, sino de difundir las ya vigentes, y que estas estén en la página de Airbnb para conocimiento de los usuarios: -Nos hemos reunido con gente de Airbnb para explicarles las condiciones regulatorias, pero nuestra invitación a la gente es a revisar y confíen en los arriendos que están bajo la supervisión de Sernatur. El director para América Latina de Airbnb, Jordi Torres, insiste en que es necesaria una evolución del marco regulatorio: -Los ingresos que generan nuestros anfitriones los tributan como si fueran cualquier otra clase de ingreso. No tengo ningún motivo para pensar que nuestra comunidad no cumple la legalidad y la carga impositiva que les corresponda, pero también hay que avanzar en las conversaciones que llevamos en muchos países.

Más turistas El negocio en juego no es menor: durante el primer semestre dos millones 830 mil turistas llegaron a Chile, 28 por ciento más que en el mismo período del año pasado. Un estudio de la consultora Colliers, presentado en abril pasado, midió el alcance de Airbnb en el país. Entre las conclusiones están que hay 244 lugares de hospedaje en Santiago publicados en el sitio y que el 93 por ciento no está registrado en Sernatur. El gerente del área de HTL de Colliers International, Pablo Ramírez, cuenta que en el desglose, las casas tienen una tarifa promedio de 48 dólares y los departamentos 56 dólares, y que la oferta se concentra en las comunas de Providencia, Ñuñoa, Las Condes y Santiago. Dentro de este rango se calcula que 80 por ciento de los departamentos son de personas que ofrecen piezas en sus propios lugares de residencia.
Al revisar el sitio de propiedades de Airbnb en Chile, destaca la oferta: aunque hay una tarifa relativamente baja, también hay propiedades de lujo. Como una casa en Santa María de Manquehue que cuesta 750 dólares la noche, con capacidad para 10 personas, seis piezas, cuatro baños y medio, además de una piscina y jardines. O una casa en La Dehesa por 650 dólares diarios, también para 10 personas con cuidada decoración. Las propiedades de lujo han aumentado en el sitio y algunos inversionistas –que prefirieron no hablar para este reportaje- reconocen que manejan dos o más departamentos en el sector oriente de la capital, que han comprado y decorado especialmente para alquilar en la plataforma.

Son esas cifras las que han provocado el recelo de los hoteleros y el interés de los inversionistas. Airbnb es el nombre a nivel mundial, pero en chile surgió en 2013 la red social Sinbad, que con el apoyo de Corfo a través del programa startup tiene cinco mil alojamientos para arrendar y siete mil usuarios. Su cofundador, Carlos Cuevas, dice que se trata de alojamientos certificados por su equipo y que ellos sí tributan. Por eso piden 10 por ciento de comisión al dueño de la propiedad y otro 10 por ciento al viajero, para mantener todo en orden.

 

Fuente: El Mercurio

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